Excelentísimo Señor Alcalde, Señoras Concejalas, socios y simpatizantes de la Casa de Castilla y León de Tres Cantos, amigos y amigas, bienvenidos a este día de Santa Águeda.
Para mí es un honor poder participar en este acto, donde honramos a las personas más importantes de nuestra vida, aquellas personas que no sólo nos ayudan a recorrer la vida con sus vivencias, consejos, actitudes,… sino que nos han dado la vida, las mujeres. Mal que nos pese a los hombres, las debemos tantas cosas… ¿quién no tiene, al menos, una mujer a su lado? Yo si las tengo, mi madre, mi hermana, mis abuelas y tías, y aunque algunas ya no se encuentren con nosotros, la huella que nos dejaron en el corazón es imborrable. ¿Cuántas mujeres han marcado nuestras vidas? ¿Cuántas mujeres se han cruzado en ella?
Es mi deber, creo, como pregonero hacer una pequeña reseña de los motivos por los que estamos aquí: la festividad de Santa Águeda y el recuerdo de la Hazaña de las mujeres de Zamarramala.
Santa Águeda nació en Catania, Sicilia alrededor del año 230. Poseía todo lo que una joven podía desear, belleza sin igual, riqueza, inteligencia e incluso el valor para rechazar la petición de matrimonio del Senador Quintianus, porque su corazón ya tenía dueño, Dios. Su fuerza, firmeza y fe, la ayudaron a resistir las lujuriosas perversiones y torturas del senador, que llegó hasta la mutilación de sus senos y arrojarla sobre carbones encendidos. Habla la leyenda que Águeda cuando su verdugo la iba a extirpar los pechos le dijo: “¿Cómo no te confundes, de atormentar a una doncella en los pechos, habiendo tú recibido el primer sustento de tu vida de los pechos de tu madre?”.
El Senador después de matar a la Santa en el 251, quiso apoderarse de sus riquezas. Para ello viajo a Palermo a caballo. Al cruzar un río un caballo le mordió la cara y otro le dio coces hasta caer al agua y morir ahogado.
El otro hecho ocurrió, cuando el alcázar de Segovia se encontraba en manos de los moros, las zamarraleñas, ataviadas con sus mejores galas y joyas y valiéndose de su gracia en el baile y su hermosura entretuvieron a la guardia de la fortaleza que abandonó su puesto para admirarlas; lo cual aprovecharon los hombres para penetrar en el alcázar y reducir a los embobados invasores. Cuando se percataron del engaño, capturaron a la cabecilla y le cortaron los pechos dándole el mismo martirio que a Santa Águeda. Por ello gozaron de privilegios de ser los defensores perpetuos del alcázar y de la exención de algunos tributos hasta el s. XIX. Desde entonces, quizás por la similitud en los martirios o porque ambos tuvieron lugar a principios de febrero, a partir de 1227, se empezó a celebrar la festividad de Santa Águeda, patrona de las mujeres casadas y de las lactantes, de una forma muy similar a como lo hacemos aquí, tomando el bastón de mando una de ellas durante un día y convirtiendo a los hombres en sus siervos.
No puedo evitar dar las gracias, en primer lugar a nuestra nueva alcaldesa honoraria, a la que pocos conocen tan bien como yo y a la que pocos tienen tanto que agradecerla como yo. También gracias al excelentísimo ayuntamiento de este municipio, que pese a ser relativamente joven ha acogido de muy buen grado esta tradición de gran importancia en la comunidad castellano leonesa hasta el punto de ser el decimo tercer año que la celebramos juntos. Y como no gracias a todos ustedes por acompañarnos en este día.
Antes de irme, quiero aprovechar la ocasión para modificar y poner en mi boca, de hombre, la frase que Santa Águeda dedicó a su verdugo, dirigiéndola a aquellos semejantes que se creen dueños de la vida de otros, especialmente de mujeres, a las que día a día torturan como a la Santa hasta convertirse en sus verdugos.
“Maldito el perro que muerde el seno que le amamanta, el que rompe el bendito labio que tantas veces le beso, el que quiebra el brazo que le abraza, maldito el que arranca la vida de la que desinteresadamente se la dio”.
MUCHAS GRACIAS
BANDO PRONUNCIADO POR
DÑA. Mª DEL PILAR MARTÍN DE VIDALES
7 de Febrero de 2010
Excelentísimo Señor Alcalde, Señoras Concejalas, queridos socios y simpatizantes de la Casa de Castilla y León de Tres Cantos, amigos y amigas, muchas gracias por acompañarnos en este acto.
Me siento muy complacida de que estén aquí, un día tan especial para mí, porque se me ofrece la oportunidad de representar a una provincia que vio nacer a mí marido y a la que descubrí gracias a él.
Una tierra cuya belleza cultural, histórica, monumental y más importante aún, social ha ocupado parte de mi corazón. Más allá de sus personajes importantes, de sus murallas, de sus altos torreones y oscuras callejas, más allá de todo eso está el Ávila que yo amo: Ávila del pueblo y de todo lo cotidiano.
No quería olvidar hoy otra tierra que en mi corazón se encuentra: Madrid, la ciudad que me vio nacer a mí, y a mis hijos y donde encontré el amor. Aquí en Tres Cantos os encontré a vosotros.
Tres Cantos, ciudad donde toda tradición es bien acogida, donde se entrelazan gentes de toda España y de todo el mundo, enriqueciendo su cultura y la de sus gentes, dando un folclore y unas tradiciones que aportan la variedad cultural de otros lugares.
Quiero también rendir homenaje a aquellas mujeres, que sin saberlo, han marcado el destino del mundo, que como Santa Águeda y como las mujeres de Zamarramala con su coraje y su fuerza han hecho que poco a poco el mundo progrese, dándonos más libertades y derechos, pero también, en ocasiones, más obligaciones y responsabilidades. Estas mujeres, con su abnegación y entrega, no siempre han sido reconocidas en su esfuerzo, sino que, a veces, incluso han sido maltratadas.
No quiero olvidar el esfuerzo de nuestras madres y abuelas que durante el día amasaban el pan, vendían leche, hilos y agujas, de pueblo en pueblo sobre unas frías y desgastadas albarcas, y que cuando el sol se ponía y todos dormían, alumbradas por la tenue luz de un candil, en la calma de la noche, cosían y cosían hasta que los ojos se le cegaban y las manos le temblaban de cansancio. Su arte llegaba a tanto que podían transformar una camisa vieja del padre en una nueva para el hijo para lucirla en la misa del domingo.
Estamos en deuda con ellas. ¿Cómo podemos recompensar tanto esfuerzo? Reflexionemos.
Sr. Alcalde: reconocemos mucho su compromiso con la ciudad de Tres Cantos, que ha quedado plasmado en la belleza de nuestros paseos y parques.
Como alcaldesa de las Águedas voy a exponer, muy brevemente, cuales son mis preocupaciones, y creo que también las de muchas mujeres de mi generación. Queremos tener cerca a nuestros mayores y a nuestros hijos: Unos necesitan un hogar tutelado aquí en nuestra ciudad, los otros un piso donde vivir, sin necesidad de esclavizar su vida a una hipoteca.
Se que no es fácil mi petición, pero no imposible, si Tres Cantos, como sociedad, se lo propone.
¿Podría usted liderar este reto?
Contamos con ello.
MUCHAS GRACIAS
ENTREGA DEL ALFILER DE ÁGUEDAS
A DÑA. ISABEL GARCÍA SASTRE
Para seguir este acto y como es costumbre en esta Casa de Castilla y León de Tres Cantos, vamos a hacer entrega de un Galardón, a la persona, que ha destacado por su entrega y dedicación en el buen funcionamiento de esta Casa.
De común acuerdo con mis mayordomas y dada mi representación a la provincia de Ávila, hemos decidido entregar este año el “Arco de San Vicente”. Símbolo de fuerza y grandeza, pero también de humanidad, casi tanto como la persona que lo va a recibir.
Por favor pedimos a doña Isabel García Sastre suba al estrado para recibir tal honor.